Aves en siete colores: El jilguero

Aves en siete colores: El jilguero

Aves en siete colores: El jilguero

El jilguero (Carduelis carduelis) es el ave del año. Esta pequeña ave paseriforme, tan habitual antiguamente en nuestros campos y zonas rurales, tan nuestra. Una especie relativamente común aún, a pesar de que enfrenta un largo historial de tenencia ilícita en cautiverio por lo hermoso de sus trinos y por su plumaje brillante y tan característico.

Habitante de ciudades, parques y ampliamente distribuido por nuestro continente (y más allá), estos pájaros, gregarios, se suelen reunir en bandos mixtos con otras aves aunque a menudo se les puede ver también en pequeños grupos de 5-10 individuos, saltando entre los cardos y demás forraje «de cuneta» en equilibrios delicados, procurando alimentarse.

En Extremadura, que es donde fueron tomadas estas fotografías, es común verlos trinando entre gorjeos intermitentes en diversos escenarios que no solo incluyen las periferias rurales, sino también los parques interiores de las grandes ciudades. Ahí, los: colorines, cardelinas, pintacilgos, sietecolores, picalcardos, o cardeneras, (entre muchísimos otros apelativos vernáculos) también han sabido adaptarse y medrar entre hormigón y cemento. No es casualidad que esta sección se llame precisamente así: «Aves en siete colores» y es que la riqueza cromática de las aves cristaliza en criaturas tan pequeñas como este simpático fringílido, vecino armónico con el que muchos hemos crecido.

Buceando en las explicaciones de los colores del jilguero hubo una que me llamó la atención por lo «rebuscado pero bien traído». Decía algo así como que los jilgueros tienen manchada de sangre la cara porque fueron ellos quienes quitaron la corona de espinas de la frente de Jesús de Nazaret. Una historia popular que mezcla mito y simbolismo, probablemente nacida de la necesidad de explicar lo que nos resulta bello y extraño, y llevarlo a un nivel superior de espiritualidad.

El jilguero se engalana con negro zaíno unas plumas salpicadas por pequeñas manchas con forma de campanitas blancas, que a su vez cobijan con una capa del color de la tierra, un amarillo tan intenso como el de un girasol. Y termina adornándose como punta de flecha carmesí su preciosa cara de fringílido… colores de alto contraste para un ave sutil de armónico canto y dulce existencia.

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