Un viaje de extremos

Un viaje de extremos

Un viaje de extremos

En apenas una semana hemos pasado de las tormentas del desierto en las orillas de Erg Chebbi (Marruecos) a aguantar tormentas tropicales en la selva nublada de Brasil. Condiciones extremas que ponen a prueba la resistencia al polvo, el sofoco, el frío al caer la noche, la paciencia ante los mosquitos, la humedad y el viento cargado de partículas que exfolian la piel aun yendo cubiertos… Condiciones normales cuando se trata de hablar de fotografía de naturaleza, de fauna salvaje, de vida al natural, en un entorno sin trampa ni cartón, sin adulterar. Tal cual son los ecosistemas, que aunque cambiantes y desafiantes, se revelan originales, atrayentes y con un componente de veracidad que atrapa. Supongo que este es el verdadero ‘porqué’ de la fotografía de VIDA salvaje. Que cuando la realidad sucede sin filtro, sin decorado y sin maquillaje, todo se multiplica sensorialmente.

Aquí puedes verme pajareando en una de las ubicaciones de Brasil, con la Shimoda a la espalda y el objetivo (Sony 600mm f4) montado sobre el trípode Benro.

Mas allá de la poca o mucha resistencia que tengamos, de la crema de sol que nos pongamos, de los atuendos que usemos… ir con un buen equipo es fundamental, no por obtener los mejores resultados posibles, que también, sino por trabajar sin la sensación de estar todo el rato dependiendo del equipo, preocupándonos de si aguantará, de si estará todo en orden, de si se estropeará algo… Ahora mismo me falta someterlo al hielo para haber testado todo en condiciones diversas de dureza media alta. Y ha podido con todo. Estoy refiriéndome al combo que ha venido para quedarse en mi configuración de viaje. Y voy a explicarte el porqué.

Desde principios de este año 2026 tengo la fortuna de ser parte de la familia de embajadores de Foto Tècnica Import, que trabaja con las marcas Benro y Shimoda. Ya sabes que Benro tiene los trípodes más exitosos y que más se usan en el mundo de la fotografía de fauna. Y sinceramente, yo no había trabajado con la marca más allá de con un monopie, hasta ahora. La fotografía que he hecho durante toda mi vida ha sido casi 100% a pulso ya que mi anterior setup no requería pasar largos periodos de tiempo en espera, ni los equipos eran voluminosos en exceso. Ahora, trabajando con las lentes más ‘prime’ de Sony como son el 300mm 2.8 pero sobre todo el 100-400mm f4.5 y el 600mm f4, sí me viene bien poder realizar parte del tiempo de las sesiones fotográficas con un apoyo que me permita descansar un poco los brazos.

El avance de la tecnología ha permitido que estos grandes teleobjetivos reduzcan sus dimensiones con el cambio a mirrorless pero para mi – al menos actualmente – no es viable ir con este tipo de lentes de largo alcance a pulso durante muchas horas, o en ruta. ¿Cuál ha sido la solución? La de incorporar a mi mochila de viaje el combo formado por la rótula Benro GH5CMini (robusta y fiable sin comprometer el peso de la cabeza) montada sobre el trípode Benro Rhino 14C de carbono. ¿14 C? Pues sí. Este pequeño y ligero trípode que apenas supera el kilogramo de peso no tiembla al enfrentarse al peso de la rótula dando soporte al 600mm f4. Y eso ha sido como recibir el maná. Es tremendamente portátil al ‘retroplegarse’, aguanta 16 kilos de carga y probando a dejarlo bajo la lluvia con ligeras rachas de viento y la columna extendida, he podido comprobar que, bien ajustado, el plano no zozobra ni desliza.

Fotografiando gangas coronadas a ras de suelo en Marruecos

Como ves, ahora en mi maleta de viaje dejo un espacio para este equipamiento, que complemento con un plato impreso con PLA y que igualmente me permiten obtener tomas a ras de suelo descansando el peso de la óptica en la rótula.
Eso es lo que va en la maleta (junto a la ropa). Como equipaje de mano viajo con la Shimoda Action V2 x50, en la que me caben dos cuerpos de cámara, el 300mm montado, el 600mm montado y un par de objetivos más (macro y angular). El parasol del 600mm va replegado y el del 300mm lo he sustituido por la alternativa flexible de RolanPro que me aporta ligereza, versatilidad y me permite acomodar mejor el espacio de los equipos en el inserto de la Shimoda, que es el XXL DV. Además, en la mochila llevo tarjetas, cargadores, baterías, el arnés de Cotton Carrier, un par de correas extra Peak Desing y algunas cosas más como el kit de limpieza y una linterna… Cabe reseñar que cabe perfectamente en los compartimentos de cabina de hasta los aviones más pequeños tipo Airbus A-220/318 (en la mismísima Ryanair!!!!!) y también en los Embraer ERJ-145 (las aeronaves más pequeñas en las que he montado en los últimos meses) y que apenas transportan 50 pasajeros.

Tras 20 días de test, los equipos han vuelto en condiciones muy óptimas, y eso contando con que han rodado duna abajo😅 y aguantado algún que otro chaparrón. Gracias en gran parte a la estanqueidad de sus compartimentos y sus cremalleras, y la fiabilidad de los materiales exteriores.

En definitiva, una nueva configuración que me ha permitido trabajar muy a gusto en todas las circunstancias y que quedará configurada por defecto en próximas aventuras.

¡Hasta el siguiente destino!

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