Chapman 1909 (Lepidoptera, Lycaenidae) en la Comunidad de Madrid (España).

Así empieza el artículo que ha recogido la Revista de Arquivos entomolóxicos nº 26, y que se hace eco de nuevos y sorprendentes datos sobre la distribución de este tipo de licénido en la Comunidad de Madrid.

Una carambola del destino, de las que no suelen darse, ya que este pequeño apunte científico no estaba entre mis planes. La historia comienza una mañana fresca del mes de mayo cuando César Gil y servidora decidimos irnos bien temprano con nuestros equipos de macrofotografía a las estribaciones meridionales de la sierra de Guadarrama en busca de pequeños insectos, artrópodos etc… y así dar por inaugurada «de forma oficial» la temporada macrera, que con tantas ganas esperábamos. Como no conocemos demasiado bien según que zonas, pregunté por Instagram (de lo poco bueno que tendrán las redes… que el acceso a la información es infinito) a un usuario al que suelo seguir con cierta asiduidad y que acostumbra a subir fotografías de insectos durante sus frecuentes rutas en bicicleta.

Mariposa cejirrubia sobre hojas de encina


Muy amablemente, este usuario me ofreció unas coordenadas donde había una abundante floración de cantueso (Lavandula stoechas), y que en esta primavera seca y extenuante ha constituido un reservorio vital para mariposas y otros animales… tras repetidos días viendo quejas de amigos y colegas del gremio de la fotografía de naturaleza por el estado lamentable de los campos de la península ibérica, convenimos pegarnos un madrugón para intentar descubrir en esos cantuesos «salvavidas» las ansiadas criaturas que tanto anhelábamos.

Y así transcurrió la jornada, buscando mariposas, abejas, arañas y cualquier ser que se dejase fotografiar. La zona tenía una ligera pero extensa pendiente y el recorrido con la mochila no era lo más agradable del mundo (aquí cabe destacar que aunque el macro lo llevábamos en la mano, en la mochila iba el Zuiko 150-400, nuestro teleobjetivo de trabajo, por lo que el petate pesaba unos cuantos kilos).

De este ropalócero (Callophrys avis), comúnmente llamada cejirrubia, solo se había citado una frágil población en la Comunidad de Madrid

Lo interesante de esta aventura no fue la jornada en sí, en la que disfrutamos profundamente del paisaje, el olor del campo, la biodiversidad… sino que al procesar algunas imágenes y agradecer a este usuario la generosidad de la ubicación proporcionada enviándole algunas fotos de la misma, pasa a preguntarme por una pequeña mariposa de ojos cobrizos y camuflaje insultantemente efectivo… (para mí, solo una especie más de las que vimos ese día) y es aquí en este punto en el que la ignorancia atrae a la sorpresa de la manera más insospechada.

Resulta que este precioso e iridiscente lepidóptero, de color verde vivo y excelente mimetismo a pesar de lo vivo de sus escamas, (Callophrys avis), comúnmente llamada cejirrubia, solo se había citado una vez en la Comunidad de Madrid, y que «para colmo de males», un amigo de este usuario creía haberla visto hacía unas jornadas en otra zona no muy lejana de la Comunidad… La maquinaria empezaba a funcionar; sorprendido por que la hubiera «capturado» en la ruta que generosamente compartió conmigo, paso a mandarle las coordenadas exactas y una descripción lo más detallada posible de entorno inmediato, hora y «posaderos» de este lepidóptero , de la que César y yo pudimos llegar a contar hasta cuatro ejemplares.

Por supuesto no pasan ni 24 horas hasta que nuestro cibernético amigo -Robert- se acerca hasta el lugar para constatar la exactitud de mi avistamiento y pone en conocimiento a Antonio García Carrillo, autor del libro de «Mariposas de la Comunidad de Madrid», de zoólogo, entomólogo y Vicepresidente de la Asociación Española para la Protección de las Mariposas y su Medio ZERYNTHIA, (vamos, toda una institución).

Mariposa cejirrubia libando un cantueso

García pasa a coordinarnos muy entusiastamente, a pedirnos por favor si podíamos mandarle imágenes donde se viera bien a los ejemplares, coordenadas, horario y toda la información necesaria para «hacer la ciencia», y es que los datos son siempre fundamentales en este tipo de investigaciones.
Una vez armado, nuestro entomólogo armó una breve nota de actualización de la distribución de esta especie en C. de Madrid y… he aquí, que sin comerlo ni beberlo, ni tan siquiera planteármelo, tengo mi primer background en cuanto a publicaciones científicas se refiere. Hecho que me llena de profundo orgullo.

Y es que en gran parte mi trabajo nace con este tipo de vocación, la de la diseminación del conocimiento, de la cultura científica, ya que es la única vía para un desarrollo en el que se progrese en armonía con el resto de seres vivos de la Tierra.

¡Gracias por leer!


Bonus track: una pequeña ficha de esta especie

ficha técnica de la especie Callophrys avis

2 Responses

  1. Muy interesante, a veces la ciencia se hace a base de casualidades. El año que viene intentaremos ver si esa población es estable y también averiguar su planta nutricia, ya que no parece haber madroños en los alrededores.

    • ¡Muchas gracias Robert! Así es, que gran alidada de la ciencia es la casualidad. ¡Viva la serendipia! 🙂 El año que viene continuamos indagando y nos acercamos un poquito más a ella.

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