El día que el sol se volvió negro

El día que el sol se volvió negro

El día que el sol se volvió negro

Una fecha apuntada en el calendario desde hacía décadas…

Siempre me ha interesado el cosmos, crecí con la serie mítica de Carl Sagan en una de sus reposiciones, a caballo con las propias del doctor Félix Rodríguez de la Fuente. Fueron años frenéticos en los que triunfaban los telescopios de juguete y los juegos terminados en -nova, dignos sucesores de aquellos -cefa de la generación que nos precedió. En aquellos años de mi niñez los cielos se llenaron de cometas como el Hyakutake, que incluso nombró un programa de televisión para público infantil-juvenil, pero sin duda el rey de todos los avistamientos fue el soberbio y majestuoso Hale-Bopp. Recuerdo con nitidez salir a plena luz del día con mi padre y verlo brillar en el cielo, compitiendo con el sol, distinguir sus dos colas (la de polvo y la iónica), observar los «saltos» que daba en el firmamento cada día, hasta que una buena mañana se le dejó de ver. Eso dejó en mí una profunda conexión con la astronomía.

Dolmen Zafra III y al fondo la constelación de Orión (noche previa al equinoccio de otoño) – 2018.

Tuve la suerte de que mi padre fuese aficionado a observar el firmamento. El me enseñó desde bien pequeñita a orientarme. Me hacía poner los brazos en cruz cuando el sol despuntaba por el horizonte en aquellos campos extremeños donde crecí, y siempre repetía… la mano derecha se alinea con el sol naciente, tu cara mira al norte, a tu izquierda queda el oeste y a tu espalda el sur. Ese hack me ha servido durante toda la vida para orientarme allá donde fuese… nunca me he llegado a perder gracias a aquel consejo.

Durante las noches de verano disfrutábamos de las inmensas salidas de la luna por el horizonte, oscilando repetidamente entre Trujillo y Montánchez, los horizontes que tengo más trillados en mi memoria. Era espectacular, salía oblonga, roja como bañada en vino y medio derretida, todo gracias a la refracción atmosférica y al espejismo de Ponzo… Mucha gente me ha oído hablar del tal «Ponzo» cuando hemos salido a fotografiar atardeceres, siempre viene bien sacarlo a colación para «aprovecharnos» fotográficamente de este efecto.

Aquellas noches interminables de verano, donde la temperatura permitía hacer vivak de manera reiterada durante los meses de julio y agosto, dormíamos en unas hamacas que ahora tendrán unos 50-60 años y ya no soportan más aventuras… y con la fiel compañía de mi pastor alemán (Rintin -muy millenial esto-) pasábamos las horas observando las lluvias de estrellas que salpicaban los -aún por entonces- oscuros cielos de la Extremadura de los años 90-2000.

El tiempo pasó, memoricé las más importantes constelaciones del cielo boreal (y después austral) y aprendí a detectar la estrella polar (tenue y discreta) para orientarme también por la noche. Aprendí la diferencia entre los crepúsculos (astronómico, náutico, civil) y los grados que suponían… a calcular el acimut, la elevación del astro rey sobre el horizonte, a identificar la eclíptica… y procuré observar todos aquellos eventos astronómicos con los que me cruzaba, eclipses de luna (como el de 2015 que pude fotografiar desde Madrid), lluvias de estrellas múltiples (Gemínidas, Acuáridas, Cígnidas, Cuadrántidas), cometas como: 46P-Wirtanen, Neowise en 2020, Lemmon, Panstarrs… el rayo verde…

Creo que mucha gente de mi generación hizo lo mismo, si todos los que tenemos ahora unos 40 años más o menos somos frikis de los dinosaurios fue en gran parte por Jurassic Park… los que también amamos la astronomía lo somos en gran parte por la maravillosa adaptación cinematográfica de la novela Contact de Carl Sagan, dirigida por Robert Zemeckis. He de reconocer que me voló la cabeza y la fui a ver al cine 3 o 4 veces.

Gemínida desde Olivenza (2018) para el proyecto Extremadura, buenas noches.

Ya de adulta, mi vinculación con la astronomía ha seguido en un discreto, pero constante, segundo plano. Formando parte durante un par de temporadas del proyecto Extremadura, buenas noches, vinculada al Instituto Astrofísico de Canarias, con el cual, filmé y fotografíe algunos eventos astronómicos relevantes. Alineaciones, lluvias de meteoros, miradores… Hace apenas tres años, tuve un intenso periodo formativo con la Fundación Starlight realizando las prácticas del Máster de Divulgación Científica que realicé en la Universidad Autónoma de Madrid. Estudios que compaginé con el curso de arqueoastronomía que ofreció online la Universidad Politécnica de Milán, impartido por el profesor Giulio Magli, y que versó en gran medida sobre el trabajo de dos grandes eminencias en este campo, el grandioso fotógrafo Juan Carlos Casado y el ya desaparecido Michael Hoskin, referente mundial en estas lides que unen lo terrenal con el firmamento.

Estos años fueron pasando y yo seguía con avidez aquellas citas astronómicas relevantes, que cada vez, debido al auge de las redes sociales, se dilataban más en el tiempo y con mayor número de fotografías, reportajes y, por supuesto, un hype creciente. Recuerdo con especial interés el eclipse que hubo en Brujas (Bélgica) en 1999 o el de abril de 2024 que cruzó gran parte de los Estados Unidos. Cada fecha me iba recordando que se acercaba nuestra oportunidad… y sinceramente, desde 2024 ya andaba inquieta por lo que nos depararía la vida en agosto del ’26…

Visualizador del eclipse del 12 de agosto de 2026 en la web del IGN

La preparación del evento fue larga… mis primeras planificaciones se remontan al verano de aquel año, cuando ya empecé a buscar horizontes despejados en el mapa proporcionado por el Instituto Geográfico Nacional, y a combinarlos con Google Maps, Photopills, Peakfinder y más aplicaciones de visualización. No se podía fallar, era imperdonable. De la franja de la totalidad, había varias provincias que ofrecían casi dos minutos de oscuridad, entre campos ya agostados de cereal y girasoles que se rendían ante el calor aplastante de la canícula. En 2025 ya se barruntaba cierta curiosidad-inquietud en ferias turísticas como Naturcyl, cosa que se confirmó en la siguiente cita -La FIO-. Las gafas de eclipse inundaban los stands de ambas ferias y la información sobre cómo fotografiarlo, observarlo con seguridad y proceder a nivel logístico comenzaba a rondarme seriamente la cabeza.

Finalmente llegó el día, con todo el cargamento de nervios (que si el filtro, que si los parámetros que iba a poner en cámara, que si los atascos, que si no reservamos hotel…) y el día despuntaba normal, sin agitación aparente en el cielo, aunque el runrún colectivo estaba ahí. No se hablaba de otro tema en España desde hacía días, y es que el evento, la climatología y la accesibilidad de la meseta concentraron a unos cuantos cientos de miles de visitantes foráneos, entre los que, cómo no, no puedo obviar a Sir Bryan May.

De todas las opciones, que superaban la decena, al final me decanté por un modesto vértice geodésico en medio del campo castellano. En las inmediaciones del pequeño y acogedor pueblo de Cabañes de Esgueva, tierra de vinos y quesos. Allí, bajo la sombra de una joven encina, y en una silenciosa tarde sin chicharras, varios extranjeros y compatriotas nos reunimos para observar este fenómeno único, en un silencio reverencial que se tornó en un asombro mudo cuando la silueta a contraluz de la luna tapó el disco solar y apareció la corona del rey Helios, sus protuberancias de un rojo encendido, sus perlas, el anillo de diamantes… y la sombra elástica que recorrió el horizonte… ya lo sabes y o viste o lo viviste.

El resto es historia…


Llevaba AÑOS esperando poder vivir algo así, ver el gran sol negro del cielo abrazado por un atardecer efímero y un cinturón de venus de 360º…

Un evento mágico, de aspecto lunar, casi marciano, que ha dejado algo dentro de todos los que hemos tenido la inmensa fortuna de contemplarlo. –metanoia– el famoso «efecto perspectiva«.

Corona solar durante la totalidad (12 de agosto de 2026)

Ahora toca ir preparando el siguiente… 🖤 02/08/2027

Te dejo aquí la galería completa del evento del gran sol negro.

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** Mención a esta canción de Carlos Sadness que describe a muchas niñas de mi generación.

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