En la castellana lontananza

En la castellana lontananza

En la castellana lontananza

Hace unos días tuve la oportunidad de poder pasar unas horas en los campos zamoranos, donde disfruté de las primeras lluvias importantes de la temporada y de sus recién llegados habitantes del invierno.

A pesar de la fugacidad de esta escapada, pude pasear sin prisas ni reloj por palomares y collados que sorteaban el paisaje y entre los que se mezclaban infinitas planicies de cultivos, adornadas por suaves colinas, bajo los dramáticos cielos del otoño boreal.

Y en silencio. El silencio del campo cuando la lluvia caen mansamente hasta el suelo en su «espingarateo«. Instantes que curan el corazón del que vive atrapado en la ciudad a su pesar.

Mochuelos, avutardas, lechuzas comunes y campestres, centenares de avefrías, urracas, cuervos y cornejas se debatían en el cielo junto a mariposas migradoras como las Vanessa atalanta, que vi por decenas en ese alto en el camino de su espectacular periplo migratorio… un regalo para los sentidos.

Espero que esta pequeña colección de imágenes logre transmitiros estas sensaciones de calma y quietud al menos durante un instante, lo que tarda el cielo en cambiar de color tras la tormenta.

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